Casi toda comida casera decepcionante está a un ingrediente de estar buena, y ese ingrediente casi nunca es más sal. Prueba antes de servir, averigua cuál de cinco cosas falta y arréglalo con la sartén todavía caliente.
Lo plano es lo más común, y la sal rara vez es la respuesta
Si no sabe a nada en concreto, casi siempre le falta ácido: un chorro de limón, un golpe de vinagre, una cucharada de yogur, un encurtido picado. El ácido es lo que hace que los sabores se separen entre sí y se vuelvan legibles. Añade poco, remueve y vuelve a probar. Si sigue plano después del ácido, entonces ve a la sal; y si la sal tampoco hace nada, lo que pide es grasa: una nuez de mantequilla, una cucharada de aceite, algo de queso.
Demasiado salado
La sal no se quita, se diluye o se compensa. Añade más masa sin sal — patata, arroz, agua de la pasta, una lata de tomate, más verdura — o sírvelo con algo soso que rebaje el golpe. Un poco de ácido y un poco de dulce hacen que lo salado se perciba menos agresivo, y por eso el limón funciona sobre un pescado pasado de sal. El viejo truco de echar una patata cruda no retira la sal de verdad.
Demasiado ácido, amargo o dulce
Demasiado ácido: añade grasa o una pizca de azúcar. La nata, la mantequilla, el aceite y el yogur redondean el filo que ha dejado el vinagre o el tomate. Demasiado amargo — ajo quemado, cebolla muy tostada, ciertas verduras de hoja: la grasa y la sal ayudan, el dulce ayuda más y el ácido lo empeora. Si algo está quemado de verdad, retira los trozos quemados antes de intentar arreglar el resto. Demasiado dulce: ácido y sal, en ese orden. Un plato que se ha ido de dulce suele salvarlo el limón, no añadir algo salado.
Demasiado pesado o graso
Algo fresco y crudo por encima hace más que remover lo que sea: hierbas, cebolla cruda, tomate picado, un golpe de cítrico, algo crujiente. Si de verdad está graso, déjalo reposar un minuto y retira la grasa de arriba con una cuchara, o echa una cucharada de agua fría: la grasa se agrupa y se levanta mejor.
Prueba en una cuchara, no del borde de la sartén
Coge una cucharada de verdad, con un poco de todo. El borde de la sartén siempre está más concentrado que el plato, y sazonar por ahí es como la comida acaba sosa por el centro. Y prueba dos veces: una cuando creas que está, y otra dos minutos después. Los sabores cambian al enfriarse un poco, y la sal en particular se nota más cuando la comida está menos caliente.
Lo plano pide ácido. Lo salado pide masa. Lo amargo pide dulce. Lo pesado pide algo crudo. Haz esas cuatro comprobaciones con la cuchara en la mano y muy poco habrá que tirar o disculpar.
