Estar de pie frente a la nevera abierta es donde falla casi toda la cocina. No es falta de ingredientes ni de ideas: es la falta de un método para convertir lo que se ve en una decisión. Cuatro preguntas, en orden, lo resuelven en unos dos minutos.
Una: ¿qué hay que gastar hoy?
Empieza por la urgencia y no por el antojo. Las verduras que se ablandan, el paquete abierto, lo que caduca mañana: no son limitaciones, son el principio de la respuesta. Sácalos y ponlos en la encimera. Decidir es mucho más fácil cuando los candidatos están delante y no detrás de una puerta, al fondo de un estante.
Dos: ¿cuál es la base?
Arroz, pasta, patatas, pan, un cereal, una lata de legumbres. Casi toda cena se apoya en una de estas, y elegirla primero elimina media decisión porque estrecha lo que puede ser el resto. Si no hay base, eso es la lista de la compra y la respuesta es huevos con pan tostado. Es una cena perfectamente buena y se hace en seis minutos.
Tres: ¿cuál es el método?
Sartén, bandeja, olla o bol. Freír, asar, guisar o montar en frío. Los mismos ingredientes van en cuatro direcciones distintas según lo que elijas, y lo correcto suele decidirlo la energía que tienes y no la comida. Cansado significa olla o bol. Algo más dispuesto significa bandeja. Realmente interesado significa sartén y quedarse ahí.
Cuatro: ¿qué hace que sepa acabado?
Ácido, grasa y algo punzante. Limón, vinagre, yogur, queso, encurtido, cebolla cruda, hierbas, guindilla. Esta es la pregunta que la gente se salta, y saltársela es la razón de que la comida hecha con lo que había en casa sepa exactamente a eso. Decídelo antes de empezar a cocinar, no después. Cambia lo que haces en la sartén.
Después decide y deja de mirar
La segunda vez que abres la nevera no ha cambiado nada. Saca lo que necesitas, cierra la puerta y cocina. Casi todo el tiempo perdido por «no hay nada» se gasta en volver a revisar una nevera cuyo contenido ya se conocía. Y haz una foto de los estantes antes de ir a comprar, para que la siguiente decisión parta del conocimiento y no de otros dos minutos de contemplación.
Qué hay que gastar, cuál es la base, cuál es el método, qué lo remata. Cuatro preguntas, dos minutos, y la cena sale de lo que ya tienes en vez de salir de una bolsa de reparto.
