Un congelador lleno de bloques irreconocibles no es una despensa, es una sala de espera. Bien usado es la mejor herramienta contra el desperdicio, y la diferencia está en qué metes y cómo.
Qué se congela bien
Pan, arroz y pasta cocidos, carne cruda y cocinada, caldo, sopas, guisos, salsas, queso para cocinar, leche, mantequilla, hierbas picadas en aceite, casi toda la fruta y casi cualquier plato sobrante. Todo lo que recalentarías en vez de comerlo frío suele congelarse sin problema.
Qué no
Los alimentos que son casi todo agua y se comen crudos: lechuga, pepino, tomate de ensalada, patatas enteras. Los cristales de hielo rompen las paredes celulares y se descongelan mustios. Las salsas con nata y el yogur pueden cortarse. Lo frito pierde la costra. Nada de esto es peligroso: solo decepciona, y la comida que decepciona también acaba en la basura.
Congela en plano y en raciones que vayas a usar
Un bloque grande tarda horas en descongelarse y te obliga a gastarlo entero. Congela en raciones de una comida, planas en bolsas: se apilan, se descongelan en minutos y no cuesta nada cambiar de idea. Etiqueta con qué es y la fecha. Todo recipiente sin etiqueta acaba en la basura, porque nadie sirve un misterio para cenar.
Descongela en la nevera, no en la encimera
La descongelación lenta en frío mantiene la comida fuera del rango de temperatura en el que se multiplican las bacterias. Prográmalo la noche antes, o recalienta directamente congelado si son sopas, guisos y salsas. No vuelvas a congelar algo que se ha descongelado del todo, salvo que lo hayas cocinado por el camino.
Raciones planas, etiquetadas y descongeladas en la nevera. El congelador es donde la comida que ibas a tirar se convierte en la cena de la semana que viene.
