Buena parte de la comida que se tira en casa se tira por una fecha impresa y no porque le pase nada. Las dos etiquetas habituales significan cosas muy distintas, y solo una tiene que ver con la seguridad.
La fecha de caducidad es seguridad. El consumo preferente no
«Caduca el» aparece en cosas que pueden sentarte mal: carne fresca, pescado, platos preparados, algunos lácteos. No los comas pasada la fecha aunque tengan buen aspecto y buen olor, porque las bacterias que importan no se ven. El consumo preferente es una fecha de calidad. Después de ella, el alimento puede estar menos crujiente, menos vivo o con menos sabor, y sigue siendo seguro. Esta es la etiqueta de casi todo lo que se tira sin necesidad.
Qué está perfecto mucho después del consumo preferente
La pasta seca, el arroz, la harina, las conservas, la miel, el vinagre, el azúcar, la sal y casi todas las especias duran muchísimo más que su fecha. Las especias pierden intensidad, no se vuelven peligrosas. Los huevos suelen estar bien una o dos semanas después. Mete uno en un bol con agua: si se queda tumbado está fresco, si se pone de pie es más viejo pero normalmente sirve, y si flota, tíralo.
Usa los sentidos en el orden correcto
Mira, luego huele, luego prueba una cantidad pequeña. El moho, un olor raro o agrio, una superficie viscosa o una lata abombada son señales de parada, diga lo que diga la fecha. También al revés: que la fecha haya pasado no es, por sí solo, prueba de nada en un producto de consumo preferente.
Congela antes de la fecha, no después
Congelar para el reloj, pero no lo atrasa. Cualquier cosa que se acerque a su fecha de caducidad puede ir al congelador ese mismo día y aguantar meses. El pan, el queso, la leche, el arroz cocido, la carne cocinada, las hierbas y casi todas las sobras se congelan bien. Este solo hábito evita casi todo el desperdicio por fechas.
Trata la caducidad como una norma y el consumo preferente como una opinión. Una te protege; la otra llena cubos de basura.
